Soy Marina y me necesitas

En este blog, encontrarás la historia de Marina, MI historia: vivencias, encuentros afortunados, otros menos, No es el tipo de "bloggeo" que usa ageneralmente una trabajadora del sexo pero precisamente su diferencia, hace imprescindible su lectura.

A la hora de estar con un hombre, soy la mejor, única, porque me gusta dar y recibir, me gusta el sexo y soy tan morbosa y tan caliente, que no te lo creerás, pero sin duda, no me olvidarás.

Como ves, estoy gordita. Si te gustan delgadas, mejor no me visites, pero te perderás la oportunidad de un verdadero volcán de pasión, entregada y dispuesta para ti

Debes conocer lo que es el contacto tórrido y experto en los brazos de una mujer verdaderamente vuluptuosa.

El morbo está servido

viernes 21 de octubre de 2011

El anillo

En estos días, mi cuerpo, anda con una calentura que no es normal. Puede ser debido a que el clima otoñal, me sienta bastante mejor que el calor, no lo sé, pero cada vez que va a venir un cliente o pienso en la posibilidad que esto ocurra, se me ponen los pezones "pidiendo guerra" y no vamos a hablar de otras partes, que, como habréis adivinado, "chorrea" alegría con todo un gozo.

Ayer me visitó un hombre de más de 67 años, por lo menos. Alto, grande, gordo y con barriga. Un viejo verde, salido de la vida, con u na calvorota coronada con el resto de fino pelo blanco. Justo lo que necesitaba, ¡morbo a granel! y decidí usarle para pasar una tarde de juerga sexual... ya me encargaría yo, de que me diera lo que busco.

Cobré. Mis manos temblaban desde momentos antes, en los que le abrí la puerta de mi casa, vestida con el cmisoncito negro transparente, ese que, al darme la vuelta para dirigirle a mi cama, no guarda el culo bajo él. Mis tetas se salían del escote, creo que hasta se han agrandado por la cachondez que llevo encima. Rápidamente, fui a poner el dinero en su sitio, así como el teléfono. No me gusta que me molesten, que NOS molesten, cuando estamos ocupados en cosas interesantes.

Sentada en la cama, iba a tirar del camisón pero las manos seniles, más nerviosas aún que las mías, habían tomado el relevo y en un pis pas, estaba con todo mi cuerpo desnudo, expuesto al viejales. Me abrí de piernas y me mostré, mientras le abría el pantalón despacio, sin prisas, rozando cada momento el bulto que notaba cada vez más grueso encima de la ropa.

El pantalón gris, cayó al suelo y yo seguía con los ojos como platos del deseo, desnudando de cintura para abajo a aquel gañán. Turno del calzoncillo... blanco, claro, un clásico, no se podía esperar menos pero en realidad, era el hecho que fuera as´`i, lo que me hacía perderme entre aquellos calores que tanto me afectaban.

Le miré a los ojos y le sonreí. Se abría la camisa mostró la camiseta interior, naturalmente, regastada, aunque el tipo, era muy limpio y olía muy bien, sin embargo, la ropa estaba muy usada. Sin dejar de mirarle sonriente, le toqué por encima de los gayumbos... Se inflaba sus interiores como si se los estuviera hinchando con un fuelle, por momentos... era increíble la polla que vislumbraba y rápidamente, la saqué.

Yo, tumbada en la cama, tiré de él, que se arrodilló en el colchón a mi lado. Con las manos, me tocaba los pezones y yo comencé a gemir de placer. En esta parte de mi cuerpo, soy consciente que tengo una grandísima carga erótica y aunque no me gusta que me los toquen sin venir a cuento, djeé que me los palpara todo lo que desease porque me daba un gusto que no posía aguantar.

Lamí la polla. Primero el glande, que era grande... gordo, como orgulloso, me retaba a continuar jugando con él. Entre esa polla y yo, habría un nexo seguro, estaba claro, era mi momento y me iba a poner tibia pero el tío pensó lo mismo y me dijo "te voy a poner mirando a Cuenca" mientras me metía ya el dedito en la entrada de mi cueva, que ya e por sí mojada, se estaba llenando de más temperatura.

Comí polla como una desesperada y ahí la tenía: tiesa como una espada y yo, que no podía abrir más las piernas, le cogía la mano que tenía en mi coño (la otra jugueteaba con un pezón), para invitarle a que ese dedo, que más que dedo, parecía un mástil, se escurriera para dentro.... y entró y salté de la alegría que me dio al cuerpo... y cogí otro dedo más, más grande y me lo metí. Lo de meterme otro dedo más, ya fue iniciativa del abuelete, una iniciativa que por cierto, me hizo ponerme muy, pero que muy puta...

Y ahí estaba, caliente como una sartén al fuego, comiéndole el rabo a un viejo que no paraba de masturbarme como un poseso. Los dos sudábamos, estaba a la vista, que, disfrutábamos como bellacos y desde luego, la cosa iría en busca de más, sin embargo, precisamente las ganas de disfrutar, hacía que fuésemos lentamente, que, aunque los dos estábamos deseando follar como locos, íbamos aplazando el instnate de sentir nuestros cuerpos sudorosos, enredándose, unidos por el "punto y coma" de nuestras entrepiernas.

Mi boca, al chupar el glande, tropezaba con un cachito de piel que separaba éste del resto de la polla. Era un rico manjar porque, chupaba y el anillo de piel, era como un tropezón que me hacía abgrir más la boca para meterme más "lomo embuchado" Me sentía puta, muy puta, muyy zorra, muy viciosa y sobre todo, muy caliente...

"¿Por qué no me pones aquí (señalándome el coño) la puntita de tu cipote? Solo la puntita ¿vale? es para que juguemos un ratito, ya verás que rico que sabe" le dije casi tartamudeando por el placer de lo que pasaba y lo que quería que me hiciese... Necesitaba de aquel jueguecito inocente de frotarnos uno al otro con los genitales calientes, sin follar, solo hacer el ademán y las posturas.

Se colocó entre mis piernas y yo misma agarré la barra que estaba tiesa como el hierro. Me resfregué todo el glande por la raja y literalmente me masturbaba con él, frotándome como una perra en celo... Mis manos agarraban la polla con precisión y me la iba pasando por cada punto de mi tan receptivo chocho hasta que tropecé con el anillo otra vez. Se me cortó la respiración cuando se pegó el cachito de carne a una zona pegada al clítoris, en la que había casi un pequeño lago. Agarré las manos de mi sudoroso y obeso amante para que no moviera su cuerpo. Yo movía el culo haciendo círculos que pasaban desde la punta al anillo... del anillo a la punta en unas caricias feroces... Pegué la polla por esa parte circular a la desaforada vagina y con la mano la abracé, indicando así, que no me la quitase por nada del mundo.

En otro movimiento de trasero, me coloqué la parte que llegaba al maravilloso anillito, enganchando así al resto de la polla, en una semi-penetración que daba más ganas y más expectativas de jodienda y como temí que el madurito se tropezara y cayera de lleno al fuego mi pasión, le invité a ponerse bocarriba en la cama, y de este modo, yo controlaría el juego.

"¿Pero no quieres que te folle, no quieres que te la meta, no quieres que te joda? No lo puedo creer, con las ganas que tienes" Musitó "el mozo" porque sí, llevaba razón y se lo dije, tenia más ganas de meterme ese falo, que él de meterlo pero estábamos de acuerdo, que así, lo pasábamos de fábula y añadió "Mira, juega tú porque a mí se me va a escapar y no quiero terminar todavía" Así que le hice caso; fui una buena niña, que para eso el cliente, manda y le hice más de lo mismo: engancharme el coño por el anillo del placer, dejando todo el pedazo de glande, dentro, dejándole sentir mis oleadas de calor.

Ya no gemía, ya gritaba del gustazo que me estaba pegando, de la calentura que nso dábamos el jubiletas y yo... nos dábamos lenguetazos en la boca y él, que me tenía bien agarrada de las tetas, me daba el mayor placer que había sentido en ... creo que en meses, pero da igual, yo estaba en la gloria, feliz y sin saber ni siquiera el tiempo que transcurría.

Era muy morboso, tirarme encima de él, sentirle todo entero, sentir las ganas que me tenía, su lengua... la habitación, a estas alturas, olía a sexo, que tiraba para atrás. Entre el olor que despedía la polla y el mío propio, se hizo un ambiente muy espeso del que no puedo huir más que hacia adelante.

El tío, se dio media vuelta, eso sí, aferrado a mis mamas, de modo que me puso debajo suya. La íntima caricia, no se soltaba ¡bendito cachito de piel que facilitaba tanto el juego! pero me sacó lo poquito que tenía metido. Con la mano, me enchufó y se masturbaba pegad a mí que berreaba y pataleaba de placer como una nergúmena: ME ESTABA CORRIENDO... ¡Por fin! Durante el tiempo que le tuve pegadito a mí, varias veces sentí el gustirrinín subirme pr el cuerpo, sin llegar a terminar pero aquella paja, junto con el ambiente, era todo como tan sórdido que largué por mis piernas mares de baba vaginal, al tiempo que las vulvas se abrían y cerraban como locas.Al mismo tiempo, lo que hace apenas un segundo, se me hacía imprescindible para estar en la gloria, me estaba dando arcadas, ganas de vomitar, de vestirme y salir corriendo. Me estaba dando vergüenza de mi misma, ganas de llorar por haber sido capaz, una vez más, dejarme llevar por la pasión, el vicio, el instinto animal tan primitivo que llevaba dentro y no poder frenarlo. Cada vez era igual, tras correrme, pensar que ya estaba saturada, que no ocurriría más... aunque confieso que cada vez, me daba menos "remordimientos"

Absorta todavía, convulsionando por la corrida, me di cuenta que él no había terminado, que aún tenía que saciarse; culminar para lo que había pagado: calmar su sed y su hambre. No soy capaz de acordarme del momento en el que me la ensartó, ni siquiera si me la sacó y metió varias veces, pero ahí estaba yo, follando de una forma maquinal, deseando que acabase el momento. otra vez...

La hermosa polla, se me antojaba ahora desagradable, El anillo que tanto me hizo vibrar cuando tropezaba en mí, lo notaba ahora como carne mustia, asquerosa, y todo el conjunto de genitales masculinos mojados por mí misma y los propios líquidos de la pre - eyaculación, me daba arcadas.

No sé ni como era capaz de mantener la sonrisa para que el tío no se diera cuenta que yo, preferiría salir corriendo a estar bajo él, pero si se percató, pasó de mi culo. Agarrando la polla como si fuera una manguera, apuntó a mi clítoris y lo meó. Era lo que faltaba, encima de el olor a sexo que invadía todo, también olor a orín... ¡qué guaradas! Lo peor, era que cuando estaba sola, me acordaba de las guarradas y me doy cuenta que es lo que me hace sentirme sexualmente completa.... pero luego, cuando todo se acaba, me da asco, me frustro y no qiero ni pensar en ello.

Mi cliente, flexionaba en varios ritmos: deprisa, lento, lento deprisa... dándome caña, bajando el tiempo. El follándome, golpeando su polla contra las paredes de mi coño... mientras en el esfuerzo, se dejaba "las túrdigas" pero él seguía bombeando mi coño, ahora si, ahora lleno, comprendí que todo esto, sencillamente, me gustaba. Soy así de guarra, lo admito.

Me la sacó y la dulce y caliente lava, me cayó encima del clítoris, que era resfregado por "el lápiz" para llenarme a mí de "su premio"

Cuando se fue, abrí las ventanas para ventilar, quité toda la ropa de cama y me fui a la ducha. De nuevo, mis tetas, me daban la señal: los pezones, salientes, pedían caña y no poca. Todavía no era suficiente.

Pronto volvería a la entrepierna de algún otro hombre. El teléfono no para de sonar.



0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada